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Lo "RAW" dejó de ser un estilo en la fotografía

hace 6 días
4 min de lectura

En enero de este año, Adam Mosseri publicó una nota de fin de año en Threads con una frase que resume bien dónde está parada la imagen ahora: lo crudo ya no es una preferencia estética, es una prueba. Es defensivo. Es una manera de decir esto es real porque es imperfecto.

El contexto explica la frase. Una encuesta de Sprout Social del primer trimestre encontró que el 56% de los consumidores dice toparse con AI slop seguido o muy seguido. Cuando más de la mitad de la audiencia asume que lo que ve podría ser sintético, la reacción por defecto ante una imagen impecable deja de ser admiración y se convierte en sospecha.

De ahí sale un giro raro del mercado: la imperfección se volvió un activo.

La evidencia material

Esto no se quedó en discurso. Se ve en lo que la gente está comprando.

El mercado de reventa de cámaras de rollo y de compactas digitales viejas repuntó con fuerza. El destello duro de flash directo, las sombras corridas hacia el magenta, las altas luces quemadas y el desenfoque de movimiento volvieron a circular como lenguaje deseable. En estética de plataforma, los códigos de imperfección funcionan hoy como señalización defensiva frente a la IA.

Del lado profesional, el movimiento va igual. Entrevistas con fotógrafos de boda, retrato y documental publicadas a principios de año concluyen lo mismo: el trabajo se está alejando de la imagen controlada y perfecta y acercándose a lo crudo, lo íntimo, lo que se siente vivido. La imperfección como característica y no como defecto.

Después de una década persiguiendo nitidez, subiendo megapíxeles más allá de lo útil y alisando rostros hasta dejarlos con aspecto de render, la industria frenó en seco. Y el freno no lo pusieron los aficionados nostálgicos. Lo pusieron los clientes.

El problema con todo esto

Aquí es donde la tendencia se muerde la cola.

La imperfección es un código. Y los códigos se falsifican.

Un modelo generativo puede producir grano, viñeteo, aberración cromática, flash quemado y desenfoque de movimiento sin ninguna dificultad. Ya lo hace. De hecho, uno de los consejos que circula para escapar del aspecto genérico de la IA es justamente pedirle películas específicas, épocas específicas, estéticas específicas. Es decir: el remedio contra el look sintético es pedirle al sistema que imite mejor lo analógico.

Lo que significa que dentro de poco lo crudo va a probar exactamente lo mismo que prueba hoy lo pulido, que es nada.

Hay además un costo estético inmediato, sin esperar a que la máquina alcance. Cuando una señal de autenticidad se vuelve popular, se vuelve fórmula. Y una fórmula de imperfección es tan artificial como una fórmula de perfección, solo que peor iluminada.

Dónde se rompe en la práctica

El giro llega a los briefs antes que a la teoría, y ahí se ve el problema de cerca.

Un cliente que pide imágenes que no se sientan producidas está pidiendo algo que sí requiere producción. La foto que parece tomada al vuelo en la cocina de una casa suele necesitar más preparación que el bodegón de estudio, porque el desorden tiene que estar compuesto y la luz accidental tiene que estar construida. Nada de eso sale más barato ni más rápido, aunque el resultado sugiera lo contrario.

Ahí hay un riesgo comercial concreto: la estética de lo espontáneo se lee como sinónimo de bajo presupuesto, y algunos clientes están usando la tendencia para justificar tarifas más bajas. Es un malentendido que conviene desarmar en la conversación, no después.

Imperfección de origen contra imperfección aplicada

Vale la pena separar dos cosas que se están mezclando.

Una es la imperfección que viene del proceso. El grano que aparece porque había poca luz y había que disparar igual. El encuadre que quedó torcido porque la escena duró segundo y medio. El desenfoque que existe porque alguien se movió de verdad. Esa imperfección es un rastro: informa sobre las condiciones en que se hizo la imagen.

La otra es la imperfección aplicada después, con un preset, sobre un archivo que salió limpio. Esa no informa de nada. Es decoración.

Visualmente pueden ser casi idénticas. Conceptualmente son opuestas, y la diferencia se nota a lo largo de un cuerpo de trabajo aunque no se note en una sola foto. Cuando el desgaste aparece siempre en la misma dosis y en el mismo lugar, deja de parecer accidente.

Quién está empujando esto

El cambio no viene del gremio. Viene de la audiencia, y sobre todo de la audiencia más joven.

Las lecturas de mercado de este año coinciden en que el público que más rechaza el material sintético es también el que más consume imagen: quiere ver algo que parezca la vida diaria de una persona real, no una versión optimizada de esa vida. Y las marcas que se leen como auténticas están resultando más memorables y más confiables, que es el único argumento que mueve presupuestos.

Eso explica por qué el freno fue tan brusco. No fue una discusión estética que se ganó con buenos argumentos. Fue una métrica que empezó a moverse.

Conviene tenerlo presente al leer la tendencia, porque las tendencias impulsadas por métricas duran exactamente lo que dura la métrica. En cuanto lo crudo deje de convertir mejor que lo pulido, el péndulo se regresa, y probablemente lo haga antes de lo que parece.

Lo que sí es difícil de falsificar

Una imagen suelta ya no prueba gran cosa. Un cuerpo de obra sí.

Lo que no se genera es coherencia sostenida en el tiempo: una manera de mirar que se reconoce a lo largo de años, de proyectos distintos, de sujetos que no se parecen entre sí. Eso no depende del grano ni de la nitidez. Depende de decisiones repetidas, y las decisiones repetidas tienen firma.

La conversación sobre autenticidad se ha ido casi toda hacia el aspecto de la imagen. Probablemente esté mirando el lugar equivocado.

Fuentes: Aesthetics of Photography, análisis de gramática visual en Instagram 2026 · Sprout Social, Q1 2026 Pulse Survey · Bluebend, Digital Photography in 2026

 
 
 

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Fotógrafo Profesional Conceptual, Artista Digital y Bellas Artes
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